Narciso Tazetta

Para Joanita Barceló Surribes

Este es el post más fácil de todos. Dedicado a mi abuela que los plantó en el jardín de Begur. Un espacio prácticamente abandonado.

Nadie los vio durante más de cuarenta años, sí he dicho bien, cuarenta años, mientras se naturalizaban. Me encanta el verbo. Se usa en jardinería para explicar que una planta se encuentra a gusto y se va expandiendo.

Así que cuando reenicié ese jardín abandonado durante décadas, recuerdo perfectamente a inicios del 2018, ver unas hojas verdes surgir con gran impulso y por enero y febrero, contemplar un prado perfumado, aromático de gran impacto visual de narcisos tazetta. Pensando en mi abuela, y que esas flores eran de alguna forma ella, me senté en un escalón ladrillo antiguo y lloré. De emoción. De belleza. De los legados familiares que te sirven para vivir.

El narciso Tazetta no necesita apenas ningún cuidado. Dejarlo. Abandonarlo a una tierra. Se multiplica con generosidad. No hay belleza más esplendorosa y gratuita.

El único inconveniente es que no se venden. De momento. Pasan de mano en mano por generaciones.

Y nada, solo decir que cada año los espero ver resurgir y multiplicarse pintando un espacio luminoso en pleno frío invernal.