Té Tencha

Realmente el día empezó mal. Con prisas, preparándolo todo, pero daba igual, cuando las cosas van mal, a veces es totalmente imposible arreglarlas. Así que fui a trabajar sabiendo que llegaba tarde y justo al entrar en el metro me di cuenta que me había dejado la bolsa con toda el material que tenía que darle a ella durante la comida.

No había más remedio que continuar y aprovechando la media hora del desayuno, volver para recuperar la bolsa.

La mañana fue de locura. De los días, que las sienes duelen de pensar. Lo importante, era ver la prelación de las cosas, ver qué iba antes, qué era urgente o no. Pero la mente se obtura. Pausa. Pensar. A un punto, todo controlado. Al menos, lo imprescindible. Respiración profunda. Larga. Cerrar los ojos y tomar de nuevo el metro. Llegar a casa. La dichosa bolsa y pensar en un té. Pienso en el Tencha. No sé por qué. Creo que la última vez que lo probé, no me entusiasmó, pero opto por el Tencha. Creo que está caducado, no saco el mejor té verde de mi vida, pero cuando desciende por mi cuerpo, siento un alivio, una calidez espectacular. Me calmo. Todo vuelve con calma a su sitio. Realmente, es terapéutico.

Regreso al trabajo y todo ser resuelve en un santiamén. Al menos, lo que se podía gestionar un viernes a última hora. Por fin, viernes, se acabó la semana. Todo en su sitio.

Gracias al té verde, suave, delicioso y agradable. El Tencha! No el balde, de él se elabora el matcha, Para mí, el té de los tés!

Como explica el cuento en las imágenes del principio, a veces hay que vaciar para poder continuar!!!

Hola Magda! Este post va por tí, por los trajines que llevamos para llegar al trabajo bien puestas y la que nos espera allí. También por esa creatividad en la vida que necesitamos para superarlo, especialmente tú que escribes tan bien y haces esas fotografías tan preciosas. ¿Para cuando la novela? Un abrazo!!! Anímate solo es empezar, con té, con flores o…

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